Con frecuencia viajamos miles de kilómetros para conocer paraísos lejanos de los que se habla en las guías de viaje dejándonos otros cercanos, que si los visitásemos nos dejarían impactados por su belleza bucólica. Los Arribes del Duero, el gran cañón europeo. Un espacio natural privilegiado por su peculiar relieve, fruto de la erosión milenaria del caudaloso río Duero que se convierte en frontera natural entre España y Portugal y se encaja en un sorprendente desfiladero hasta formar los cañones más profundos y extensos de la península Ibérica.

Este río, que fluye entre los dos países formando la frontera más vieja e impermeable de Europa a lo largo de unos 200 kilómetros de abruptas laderas, ha ido esculpiendo una brecha formando barrancos y acantilados de vértigo, exhibiendo espectaculares cauces fluviales que se abren paso entre gargantas de granito y pizarra de hasta 400 metros de altura. Un torrente navegable que a través de su crucero fluvial se puede contemplar en todo su esplendor este espacio protegido. Es una travesía didáctica dirigida por guías y biólogos que explican los puntos de interés del recorrido como el pozo de las nutrias; los nidos de cigüeña negra; una encina centenaria suspendida en el borde de un acantilado; la peña del oso; la cascada de invierno; el área del águila real, el paso de las estacas o la ruta utilizada por los contrabandistas a finales del siglo XIX y principios del XX.

Hábitat formado por una variada fauna, especialmente por aves, entre ellas, los buitres leonados, águilas, halcones y cigüeñas negras, sin olvidar su riquísima comunidad vegetal, caracterizada por la gran abundancia de especies típicamente mediterráneas debido al microclima especial de esta comarca.

Un paisaje grandioso, a caballo entre las provincias de Salamanca y Zamora. Uno de los rincones más vírgenes de España, que se adapta a todo tipo de viajero.