San Ciprian de Hermisende ofrece en los ámbitos de la sierra otros atractivos, también de leyenda, como la Peña de las Herraduras. En Las Herraduras, próximas al Castelo de Rochouso, aparece un peñasco de dignas dimensiones que sirvió de mural para sabe Dios que manos. Lo eligieron para esculpir signos, imágenes y grabados de diferente rasgo y traza.
Son figuras, petroglifos; que siempre han llamado la atención de los habitantes de San Ciprián de Hermisende, a quienes el campeo les llevó antaño a poner sobre esta peña los pies una y otra vez, y que hoy siguen haciendolo por el mero disfrute de la naturaleza y el aprecio que tienen al lugar.
La leyenda cuenta, según recoge José González Cruz en su publicación sobre "Cultura y fala popular de San Ciprián de Hermisende" que «debajo de la fraga hay valiosos tesoros escondidos y que las herraduras son las marcas que dejó el caballo de Santiago Apóstol cuando estuvo en estas tierras». El mismo autor añade otra versión con peso en la memoria de los locales. «Cuentan que una vez un paisano de Castromil fue a la feria de Vinhais y allí unos portugueses le preguntaron si sabía dónde se encontraban la Fraga de las Ferraduras, a lo que respondió que sí, que le era conocida. Resulta que los tales portugueses vinieron una noche a recoger el tesoro, llevándose cosas de gran valor. Dicen que una mula cargada de monedas de oro y plata, y que la mula reventó antes de llegar a Vinhais por causa de la pesada carga que transportaba. Por eso, en un canto de la fraga hay visible un foraco, lugar de donde supuestamente sacaron los haberes».
Realmente es una sierra donde las leyendas de tesoros abandonados por los sarracenos, cuando perdían terreno perseguidos por los cristianos en las fechas de la reconquista, saltan llenas de pasión en un pueblo y en otro.