Gracias a su recóndita localización, Castrelos ha sabido conservar unos rasgos etnográficos muy peculiares. Uno de ellos es su habla, con un deje propio, influenciado por el cercano dialecto galaico-portugués y compartido por el resto de los pueblos que forman el municipio de Hermisende.

Los factores históricos y socioculturales que ha sufrido el pueblo, derivados de su posición fronteriza con Galicia y Portugal, han generado un habla cuya procedencia genera dudas a los propios habitantes del término y sorpresa a los forasteros, que observan su notable singularidad. Algunos estudiosos han tratado de encuadrar el habla de esta localidad con uno u otro idioma, especialmente con el gallego, pero esta cuenta con características lingüísticas propias, generadas a lo largo de los siglos.

La formación de esta habla se remonta a la Edad Media y tiene su origen en el carácter fronterizo de su territorio, en constante disputa entre los reinos de León y Portugal, situación que provocó un continuo desplazamiento de la línea de frontera y que, en más de una ocasión, situó a este territorio como tierra de nadie. Con posterioridad, y básicamente consecuencia de las interrelaciones de las localidades de este municipio con sus poblaciones vecinas, tanto españolas como portuguesas, se fue conformando una situación lingüística particular que ha perdurado hasta nuestros días.