Terraduero


Según la tradición, el origen de esta festividad está vinculado a la fiesta de San Esteban, aunque se desconoce la fecha exacta de sus inicios. En tiempos remotos, probablemente en la Edad Media, una peste terrible afectó al pueblo, causando gran mortandad. Los vecinos recurrieron a este santo en busca de ayuda, pero no obtuvieron efecto alguno sobre la enfermedad, es más, esta se iba acentuando. El cura decidió sacar la talla en procesión, para ver si con el homenaje aplacaba las consecuencias de la peste, y los vecinos, cansados de que el santo no escuchase sus plegarias, decidieron apedrearlo e insultarlo. Un labrador, devoto del santo, no estaba de acuerdo con tales actos y se disfrazó con una máscara y vestiduras estrafalarias, con el objetivo de asustar a las gentes, reprocharles su conducta y, por ende, defender a San Esteban de sus agresores, que se marcharon corriendo detrás de él. Al parecer, las muertes por la peste fueron disminuyendo y, a partir de ahí, se siguió venerando al Santo, sacándolo en procesión todos los años.

Según la documentación encontrada en el Archivo de la Diócesis de Zamora, esta mascarada, tal cual se conoce hoy en día, comenzó a realizarse en la segunda mitad del siglo XVIII. En ella, existen varios personajes: mayordomos, asadores, tocadores, bailonas; además del personaje principal, el Zangarrón, quien da nombre a la celebración. Este grotesco personaje, cuya misión principal es la de poner orden y que nadie impida el baile a los danzantes, zurrando a todo aquel que lo intente, sale a las calles de la localidad, junto con los quintos, para pedir el aguinaldo a los vecinos. Su disfraz consta de un traje de cuadros marrones y blancos, un mandil de colores vivos, medias blancas y rojas, una máscara negra con nariz roja, bigote y perilla y una peluca realizada con cintas de tela de varios colores. Además, porta un palo con tres vejigas de cerdo hinchadas, que representan la fertilidad y que explota al finalizar la celebración, una bolsa para guardar el aguinaldo y un cinturón del que cuelgan los cencerros que anuncian su llegada.

Cada uno de los participantes se viste en su casa; pero al Zangarrón le ayudan los vecinos del pueblo, pues hay que coserle su vestimenta. Lo primero que hacen es ponerle un calzoncillo largo y una camiseta interior. Después le ponen el pantalón, la casaca y la faja. Luego ya le cosen la casaca y las medias con los pantalones.

Esta festividad, declarada de Interés Turístico Regional, se celebra el 26 de diciembre, día de San Esteban. La fiesta empieza el día 25 por la tarde, cuando los chavales del pueblo van a buscar al Zangarrón, provocándole para que salga y les persiga. Después, junto a los danzantes y el tamborilero, realizan un pasacalle, bailando hasta las Cuatro Calles. Por la noche, el Zangarrón se retira a descansar, mientras que los mozos continúan haciendo sonar los cencerros, comen, beben, cantan y bailan. Al día siguiente, sobre las 7 de la mañana, los quintos, los danzantes y el tamborilero vuelven a buscarlo para realizar de nuevo otro pasacalle, de nuevo bailando hasta las Cuatro Calles.

Antes de salir, todos comen unas sopas de ajo. Una vez que llegan allí, se dividen y comienzan a pedir el aguinaldo por las casas del pueblo. Los demás participantes no pueden encontrarse con el Zangarrón en la misma calle, pues si no este les quita el aguinaldo y lo tienen que pagar de su propio bolsillo. Durante este recorrido, el Zangarrón es molestado por los jóvenes del pueblo, que le incitan a correr tras ellos enseñándole dinero. Antiguamente le enseñaban peras o manzanas, pues el Zangarrón estaba obligado a coger el postre para todos sus compañeros; si no lo lograba, tenía que pagarlo personalmente. El Zangarrón llama a las casas con las vejigas y, como tiene prohibido hablar, sólo pone la bolsa para que le depositen el aguinaldo; antiguamente, si podía, aprovechaba a robar alguna cosilla de la matanza.

Al terminar la cuestación (pedir el aguinaldo por las casas), se reúnen en la casa de los quintos para almorzar. De aquí, se dirigen a la iglesia con el sonido de los cencerros, quedándose fuera el Zangarrón. Al terminar la ceremonia religiosa, se saca en procesión a San Esteban, portado por las bailonas y el resto de los danzantes, bailando siempre de cara al santo. Dan una vuelta a la iglesia y quedan de nuevo en la plaza. En ella, el Zangarrón hace un corro para que su comitiva realice el conocido Baile del Niño ante el santo. Mientras tanto, los mozos empiezan a provocar al Zangarrón enseñándole dinero para que corra tras ellos y se lo quite. Al terminar el baile, el Asador Mayor coge el pesado pendón y realiza ante el santo tres venias con él, mientras el Zangarrón lo copia levantando burlescamente, como con esfuerzo, las vejigas hinchadas. La procesión termina y el santo es introducido de nuevo en la iglesia por los danzantes, sin darle nunca la espalda.

Terminada la liturgia, todos acompañan hasta su casa al párroco, que los invita a dulces y bebidas, una vez que han bailado ante su puerta el Baile de las Dos Filas. Durante este, se suceden las provocaciones al Zangarrón. De camino para comer, hay una parada tradicional junto a uno de los bares, donde se danza de nuevo. Después, los quintos y mozos celebran la denominada Comida del Mutis, en la que estos deben comer en silencio, sin mediar palabra. Durante esta, el tamborilero castiga con un vergajazo y una sanción económica a todo el que rompa el silencio impuesto, lo que da pie a numerosas provocaciones entre los comensales para hacer hablar. Al final de la comida, se procede a gastar todo el dinero que se ha recaudado de aquellos que han infringido la norma, para disfrute de todos.

Por la tarde, ya sólo sale el Zangarrón, si le ha quedado alguna casa por visitar para pedir el aguinaldo y las carreras para atrapar a los jóvenes y chiquillos que le acosan. La fiesta termina cuando el Zangarrón da tres vueltas a la iglesia y en cada una de las vueltas hace una cruz con el palo, donde hay erigida una cruz, y explota una vejiga.