Terraduero


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El rabel es un instrumento cordófono tradicional, que ya se conocía en la Edad Media, pues fue traído por los árabes, quienes lo extendieron por toda la Península Ibérica. Además de en Zamora, se tocaba en Asturias, Cantabria, León, Palencia, Burgos, Guadalajara, Ávila, Cáceres y Toledo. En la provincia zamorana tiene un enclave especial en Porto, donde el rabel ha mantenido tañedores y constructores del rústico instrumento hasta la actualidad.

En este pueblo, la tradición del rabel está asociada al pastoreo, con aquellos rebaños que acudían desde Extremadura por la Cañada Real, con aquellos pastores del lugar que emigraban todo el año y volvían a pasar el verano en la sierra. Estos traían el rabel porque era un instrumento ligero que se podía transportar fácilmente allá donde fueran.

El instrumento está compuesto por un número variable de cuerdas, tres normalmente, realizadas con crines de caballo, que se frotan con un arco. Suele ser de madera de abedul o chopo y tiene una caja de resonancia de diferentes formas, tapada con piel de oveja clavada en los bordes, a la que se hacen tres agujeros para que respire el interior. Su sonido es grave, profundo y de gran belleza, ideal para el acompañamiento de romances. El repertorio era variado: algunas veces se tocaban piezas para bailar, como las jotas, pero lo habitual era interpretar cantigas que cantaba el propio tañedor.

Para su construcción, se traza la forma sobre una única pieza de madera y se desbasta con la forma adecuada. Se vacía la caja dejando una pared de 1,5 cm., se talla su mástil, se fabrican las clavijas y se ajustan en los correspondientes orificios del clavijero. La tapa se realiza en piel y se clava a la madera. Se hacen las cuerdas, uniendo varias cerdas de crin de caballo, menos para la primera y algunas más para la segunda y la tercera, para que tengan así un sonido más grave a igual tensión. Se ajusta el puente, hasta que queden las cuerdas a una altura adecuada para que no rocen con el armazón. Y se elabora el arco, curvo, pero largo, recortándose de una tabla o doblando una vara.

La forma tradicional de afinar el instrumento era poniendo las dos cuerdas graves al unísono y tensar a ojo la cantante. A continuación, se deslizaba el dedo índice por ella hasta conseguir un sonido acorde de las tres y se fijaba ahí este dedo a modo de cejilla. Se interpretaba la melodía con los otros tres dedos, empleando solamente el tramo que la mano alcanzaba.

Estos instrumentos los fabricaba Amador Bruña, pero, lamentablemente, murió en 2017. Aun así, siempre nos quedarán programas de televisión como este de Alalá, para recordarle a él y su arte de fabricar y tañer rabeles: http://alala.crtvg.es/video_augmented/capitulo-197-o-rabel-en-porto-de-sanabria/